Reseña: God’s Not Dead

Radisson: el profesor de filosofía que no sabe nada de filosofía.

Josh Wheaton es un cristiano de freshman en una Universidad norteamericana. En su primer día de clase se enfrenta al profesor de filosofía Radisson, reconocido por su feroz escepticismo. El catedrático exige a sus alumnos antes de iniciar el curso que escriban en una hoja de papel ‘Dios está muerto’. Josh entra en conflicto debido a sus creencias y se niega a la petición. Para no suspender la materia, Radisson ofrece al estudiante una alternativa: demostrar la existencia de Dios, prueba que Josh asumirá con devoción divina.

God’s not dead (Cronck, 2014) tiene un marcado acento propagandistico en los menesteres de la religión crisitiana que a los no creyentes puede llegar a resultar ridículo, lejos de su intención reformadora. Incluso parece que la película se impone por propósito asustar a los malditos ateos. Resulta contradictorio que, a menudo, esta clase de productos son intolerantes y prejuiciosos. Además del mártir Wheaton y el diabólico resentido profesor, en la cinta desfilan personajes de uno y otro bando. Sin puntos intermedios. Como es de esperarse, a los cristianos les va de putamadre mientras que los gentiles no ganan ni un volado.

Pero siempre hay una luz al final del túnel. Porque Dios —el dios cristiano— es grande y misericordioso. A Radisson [SPOILER] lo deja arrepentirse antes de morir. Lo cruza con un automóvil a plena calle, sí, pero le pone a un padrecito justo a tiempo para que alcance a pronunciar su conversión, y con ello su salvación. El mensaje es claro, incluso aquellos que han renegado del amor de Dios hasta el último día de su vida tienen en sus manos la llave del paraíso. Basta creer.

La iluminación no tiene porque llegar de modo tan dramático para todos. Hay una árabe que, en secreto, escucha salmos en su ipod, a pesar de las enseñanzas de su severo padre, un ferviente islamista. E incluso un chino, también en la clase de Introducción a la Filosofía en el 150 impartida por el pervertido de Radisson, es tocado por la portentosa exhibición en el estrado de Wheaton y vuelto al cristianismo.

Esta es una de las partes más divertidas de God’s Not Dead: la exposición con la que el freshman cristiano supuestamente ridículiza y da un rapapolvazo al engreído profesor de filosofía que, además de citar fuera de lugar y mamonamente en griego el ‘conocete a ti mismo’ no sabe nada de filosofía. Para salvar el semestre, Wheaton tiene tres sesiones de veinte minutos para convencer a su clase de que Dios existe. El buenito de Joshi pone todo su empeño en lograrlo. Va a la biblioteca a sacar libros y todo, por lo que resulta curiosa su defensa sustentada en contraponer frases de célebres científicos ateos con pasajes de la biblia o en su defecto con frases de otros hombres de ciencia. A su vez, el profesor corresponde la refutación con más name dropping, en una discusión que se torna cada vez más una guerra en la shoutbox de un blog anti-cristiano entre dos usuarios troles. Para completar el cuadro, Josh Wheaton se ayuda de un cañón e ilustra su punto con unos Power Point bien padres con galaxias o la célebre Creación de Adán de Miguel Ángel.

Además de la trama principal, en God’s Not Dead se desarrollan un par de subtramas sin sentido ni intención. En serio. La película tiene muchos agujeros argumentales. Varios personajes y situaciones carecen de cualquier valor, no aportan algo al sentido general de la obra o colaboran en su desenlace. Son simplemente extremos destejidos puestos a la deriva. Es el caso de una reportera con cáncer, cuya incursión en el filme es absolutamente gratuito. Pertenecen también a esta estirpe una anciana con cáncer, su hijo, un intento de bon vivant ateo, y un redneck de televisión. Su presencia (o ausencia) en la película vendrían a dar más o menos lo mismo, ya que en nada intervienen en el cruce entre los personajes principales y sus historias quedan olvidadas o subdesarrolladas.

Algunos otros personajes metidos con calzador tienen una aportación mínima, como el chino o la muchacha árabe. O el padre cuya única función en 113 minutos es estar en el preciso momento de la muerte de Radisson para ofrecerle la salvación. Y para dilatar su cortísima participación a lo largo del filme se les coloca en situaciones absurdas, en escenarios sin sentido. Eso en cuanto a la película como una producción creativa, porque como artefacto propagandístico cumple con entregar su mensaje. Si bien abundan los personajes insustanciales, cada uno se inscribe en alguno de los dos estereotipos trazados desde el inicio. A los crisitanos les va bien, a los demás no. Al final todos confluyen en el concierto de los Newboys, una especie de The Killers cristianos con un vocalista negro.

God’s Not Dead puede ser vista en la clave de comedia involuntaria. Creo que no se trata de ser hostil hacia el cristianismo o cualquier otra religión, simplemente es una película insuficiente. Si el espectador no comulga con las ideas presentadas en la película es difícil no tomar en broma lo que ofrece. Está claro que apunta, como hace todo producto sectario, a convencer al otro, a abrirle los ojos, pero honestamente, creo que pudo haber sido algo más en todos los sentidos. God’s Not Dead se presenta como un filme para ‘educar, entretener e inspirar a los cinéfilos a explorar lo que realmente creen acerca de dios’. Pero en realidad es una película de crisitanos para cristianos con una propuesta muy pobre.

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