Reseña: Mind Game

Culo

La vida fluye. Estamos acostumbrados a verla pasar, a colaborar en ella apenas en la justa medida de nuestras ínfimas posibilidades de acción dentro de un todo que gira violento. Apenas si reparamos en el minúsculo peso de nuestras acciones. La vida sigue su cauce inexorable, donde los valientes valientes son y los cobardes también ejercen su papel en el ciclo. El mundo nos devora. La materia se impone a la buena voluntad. Para algunos, el signo del fracaso se cierne cual corona en la cumbre de la existencia, desde donde domina todos los escenarios. De nada sirve rogar al cielo otra oportunidad, un punto cero desde el cual comenzar de nuevo, pues el esfuerzo volvería a tomar el molde de la decepción. Si Dios diera una oportunidad, si se la robaramos, comenzaría a rodar el final como un nuevo principio en una historia que nunca termina.

Mind Game (Yuasa, 2004) cuenta la historia de Robin Nishi, un bueno para nada que fantasea con convertirse en un gran historietista. Lo único valioso que ha tenido Robin es a Myon, de quien estuvo enamorado toda la vida y con quien sostuvo una extraña relación epistolar durante sus años como estudiante de secundaria. Ahora Myon está apunto de casarse con Ryo, un especimen de complexión atlética y carácter afable. La clara desventaja de Nishi, a quien podríamos calificar poco menos que como un imbécil, se presenta tenue ante los ojos de Myon influida por un grado de reprocidad de afectos. Tras la confesión de Myon, Nishi hace su declaración de amor. El cause de los acontecimientos, sin embargo, parece no tener vuelta de hoja y Myon lleva a su amigo desde la infancia al negocio de su padre, un viejo coqueto y rabo verde, a donde también llegará Ryo. Al establecimiento entran un par de miembros de la mafia Yakuza en busca del padre de Myon, escondido entre unos bancos debajo de la barra al verse en peligro.

Cuando uno de los Yakuza intenta violar a Myon, Robin tiene frente a sí la posibilidad de saltar a la acción. De dejar de ser un perdedor. De convertirse en un héroe por el amor de su vida. Presa del pánico, sin embargo, ‘te voy a hacer daño’ es lo que alcanza a decir antes de ser asesinado de un disparo en el culo. La trama adquiere volumen —en una dinámica trepidante y musical, llena de sketches fantásticos que caracteriza la cinta— cuando Nishi conoce a Dios, un dios multiforme y cruel que le revela su sitio exacto en la Gran Obra: Nishi es un juguete, una burla del creador, una entidad sin sentido ni cualidades, con el único mérito de ser el objeto de la schadenfreude de una forma superior. En un ejercicio de voluntad, Nishi se revela. Quiere vivir. Su afán es vivir la experiencia del mundo. Palparlo, descubrirlo, retenerlo. Al natural camino a la extinción (Dios le confiesa que no hay cosa tal como el otro mundo) Nishi brega a contracorriente. Atraviesa en espírutu el vórtice de la vida. De vuelta a lo mundano, tiene ante sí una segunda oportunidad. Regresó a la tierra, al negocio del padre de Myon, en el instante mismo en el que fue encañonado. Consciente de un pasado que nunca existió, Nishi interviene su realidad. De víctima pasa a ser asesino.

La aventura que se desencadena a partir de este intenso momento deriva hacia lo fantástico, en una tesitura completamente diferente a la planteada de inicio. La evolución del romance envuelto en un ambiente gangsteril se trunca en una suerte de fábula de Jonás, aunque la relación entre Myon y Nishi sigue creciendo en el vientre de la ballena, escenario casi encantado para el descubrimiento carnivalesco, pero también para la reflexión interior.

La película mantiene un carácter cómico y divertido, apoyado en la frescura de su propuesta visual. Toda la secuencia de la relación sexual entre Nishi y Myon es bellísima. Es prueba de cómo se pone la técnica al servicio de la expresión artísitca. Así podemos encontrar más ejemplos, como la indeteminabilidad del aspecto de Dios o el segmento final para contar un todo a partir de fragmentos.

Mind Game es una animación compleja en el sentido de las variadas técnicas que explora. En correspondencia, la historia es consecuente. No ofrece muchos giros ni artificios, además de ese gran quiebre al ser devorados los protagonistas por una ballena. En cambio, devela un sentimiento de reflexión profundo. Trata de todo y de nada, del gran mundo inabarcable. Ofrece dos o tres diálogos muy universales sobre la potencialidad de la humanidad, del hombre en particular y su implicación no como modificador de la realidad, sino como su creador. Se trata de una cinta honesta que expone una energía positiva sobre las capacidades del hombre y, a diferencia de los muy odiados libros de auto ayuda, lo hace de manera sincera en el discurso y creativa en la forma.

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