Reseña: The Night Country (2014) / Natural Snow Buildings

Natural Snow Buildings

The Night Country añade un trabajo más a la dilatada discografía del dúo francés Natural Snow Buildings. Este larga duración, el vigésimo segundo de los Île-de-France, no se despega del estilo folky drone que los ha caracterizado desde hace quince años.

Este es un potente ejemplo de lo que hace Natural Snow Buildings. La placa combina perfectamente pasajes oscuros con piezas bastante más ligeras que a veces, quizá por la delicada voz de Solange, recuerdan al Just Another Diamond Day de Vashti Bunyan. Quizá no sea la entrada más propicia para aquellos no iniciados con ganas de meterse de lleno al acto de los franceses.

No light pollution es la apertura de la obra con una onda muy densa de sonido. Es una excelente canción, con un feel tristísimo desenvolviéndose entre violines distorsionados y un acordeón. Francamente, resulta complicado de discernir que instrumentos específicamente manipulan, pero queda claro el afanador uso de cuerdas que, más allá de melodías, crea ambientes para dejar perplejo. La placa, como nos tiene acostumbrado NSB, mantiene cierta remembranza a los sesenta más hippies, sin perder por esto la textura un tanto siniestra que los caracteriza y se acentúa en este álbum en la ya mencionada pieza inicial y en la dramática Sister Ritual.

Ese es más o menos el sabor que trae todo el disco. La manera más nutritiva de servirse de él es de una sola sentada. Una hora y diecinueve minutos que no tienen desperdicio. Invariablemente, el ejercicio resultará agotador, pero escuchar el disco de manera fragmentada invisibiliza su valor unitario, sus subidas y bajadas, su hermosura que, sin embargo, no deja de ser monstruosa; su gusto metálico de guerras pasadas o agua encharcada.

Este opulento cochambre en forma de disco compacto requiere atención. En ningún instante es condescendiente con el escucha, por más que haya momentos de un consumado estilo folklórico de fácil retención. No hay forma de dejarlo a medias o escogerlo de música de fondo. El intento fracasará en un malestar punzante. Hay que escucharlo, hay que escucharlo bien sin importar que la cabeza nos diga que son canciones navideñas o música celta grabadas sobre tape hiss.

Natural Snow Building confecciona sus lentas y pausadas estructuras con la destreza de siempre, aunque The Night Country ofrece panoramas mucho menos alegres. Capas y capas de sonido negro, espeso se disimulan entre acordes de guitarra acústica y panderos. Los once tracks incluidos tienen algo de devastador pero a la vez bello. Mención especial para la enorme, tanto en duración como en mérito, Rusty Knives Valley, que transita en la totalidad de las diferentes escalas que ofrece el disco.

Iniciar el viaje significa estar dispuesto a pasar entre un pleamar de vaivenes imperceptibles que por algún motivo genera malestar. Una claustrofobia de pensar que, por ejemplo, fuera del sonido no existe nada y nada existirá. Hay hartazgo, sobresaturación, que al final no pueden sino dejarte con el aliento seco cuando ya te has vuelto uno con el eco. Da la impresión de haber caminado en una cruzada infinita; de realizar pasos envolventes sobre sí mismos y de empezar la rotura de un bucle largo y tortuoso, sin recompensa comprometida, sólo estas deprimentes canciones de cuna por este país nocturno.

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